El impacto de un diagnóstico tardío

- Introducción
- Por qué aparece ansiedad o depresión cuando el TDAH no se ha detectado antes
- Cómo cambia todo con el diagnóstico
- Qué ayuda en esta etapa
- Mensaje final
Muchas personas descubren que tienen TDAH en la edad adulta, tras años de sentirse “caóticas”, “perezosas” o “incapaces de concentrarse como los demás”.
Ese diagnóstico llega a menudo después de una larga historia de frustración, autoexigencia y culpa, y no pocas veces acompañado de ansiedad o depresión.
No es casualidad. La evidencia muestra que más del 50 % de los adultos con TDAH presentan también síntomas de ansiedad o depresión, especialmente cuando el trastorno ha pasado desapercibido durante años.
¿Por qué aparece ansiedad o depresión cuando el TDAH no se ha detectado antes?
1. Años de esfuerzo sin resultados esperados
Las personas con TDAH suelen invertir una enorme energía para rendir “como los demás”, pero su funcionamiento atencional y ejecutivo (planificación, memoria de trabajo, organización) requiere estrategias distintas.
Ese esfuerzo constante sin entender por qué cuesta tanto genera ansiedad anticipatoria (“¿y si fallo otra vez?”) y desgaste emocional crónico.
2. Autocrítica y baja autoestima acumulada
Cuando no hay un marco explicativo, los olvidos, despistes o dificultades de concentración se interpretan como defectos personales.
Frases como “no tengo fuerza de voluntad”, “soy un desastre” o “nunca termino nada” se convierten en parte del diálogo interno.
Con el tiempo, esta autocrítica repetida erosiona la autoestima y abre paso a síntomas depresivos.
3. Sobrecarga emocional y desregulación
El TDAH no solo afecta la atención: también impacta la regulación emocional.
Cambios bruscos de ánimo, irritabilidad, sensación de estar “a punto de explotar” o de no poder parar la mente son frecuentes.
Esa dificultad para manejar emociones intensas puede derivar en ansiedad generalizada o episodios de desánimo profundo.
4. Experiencias de incomprensión o rechazo
Muchos adultos con diagnóstico tardío relatan una vida marcada por malentendidos: profesores que los tachaban de vagos, jefes que los consideraban poco constantes, parejas que los veían distraídos o irresponsables.
Esa historia de incomprensión relacional deja huella y alimenta sentimientos de soledad, inseguridad y tristeza.
Cómo cambia todo con el diagnóstico
Recibir el diagnóstico en la adultez puede ser un proceso de alivio y duelo a la vez.
Por un lado, hay alivio al entender que “no era flojera ni falta de capacidad”. Por otro, aparece el duelo por los años en que no se supo, y por las consecuencias que tuvo en la autoestima, los estudios o las relaciones.
Reconocer ese pasado desde la comprensión —y no desde la culpa— es un paso clave para disminuir la ansiedad y recuperar el equilibrio emocional.
Qué ayuda en esta etapa
- Psicoeducación: comprender cómo el TDAH influye en la atención, la motivación y la regulación emocional. Entender es el primer paso para dejar de culparse.
- Terapia psicológica adaptada al TDAH: trabajar la autocrítica, los pensamientos exigentes y las estrategias de organización y autocuidado.
- Terapia de Aceptación y Compromiso o enfoque compasivo: aprender a relacionarse de forma más amable con uno mismo y con las propias limitaciones.
- Entrenamiento en funciones ejecutivas y gestión emocional: mejorar la planificación, la priorización y la autorregulación para reducir la sensación de caos que alimenta la ansiedad.
- Apoyo farmacológico y coordinación interdisciplinar: cuando es necesario, combinar tratamiento psicológico y psiquiátrico ofrece mejores resultados.
Un mensaje final
Tener un diagnóstico tardío de TDAH no invalida el camino recorrido, pero sí da la oportunidad de reinterpretarlo.
Muchos síntomas de ansiedad o depresión no son un “trastorno aparte”, sino la consecuencia de años intentando encajar en un sistema que no entendía cómo funciona tu mente.
Comprenderlo y abordarlo con las herramientas adecuadas puede ser el comienzo de una vida más amable, más organizada y más en paz contigo misma/o.
