Autismo y calor: ¿por qué las altas temperaturas pueden aumentar la desregulación en adultos con TEA?

Con la llegada del verano y las altas temperaturas, algunas personas autistas pueden notar que situaciones que habitualmente toleran se vuelven mucho más difíciles de gestionar. Mayor irritabilidad, agotamiento, necesidad de aislarse, dificultad para concentrarse o una menor tolerancia a determinados estímulos son algunas de las experiencias que pueden aparecer o intensificarse durante los días de mucho calor.

Esto no significa que todas las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) reaccionen de la misma manera al calor. Sin embargo, las particularidades en el procesamiento sensorial, la interocepción y la regulación emocional pueden hacer que las altas temperaturas supongan una carga adicional para algunas personas autistas.

Entender qué está ocurriendo puede ser especialmente importante. A veces interpretamos la irritabilidad, el bloqueo o la necesidad de aislarnos como un problema exclusivamente emocional, cuando nuestro cuerpo y nuestro entorno también pueden estar contribuyendo a esa desregulación.

¿Por qué el calor puede afectar especialmente a las personas con TEA?

Nuestro sistema nervioso recibe y procesa constantemente información procedente tanto del entorno como del propio cuerpo: sonidos, luces, temperatura, sensaciones corporales, hambre, sed, cansancio…

En las personas con TEA, este procesamiento puede presentar características diferentes. Algunos estímulos pueden percibirse con una intensidad mucho mayor, mientras que determinadas señales internas pueden resultar más difíciles de identificar o interpretar.

El calor añade una fuente de estimulación prácticamente constante. No podemos simplemente dejar de percibir la temperatura ambiental y, además, esta suele venir acompañada de otras sensaciones: sudor, humedad, ropa pegada al cuerpo, sed, cansancio o dificultad para dormir.

Cuando el sistema nervioso ya está realizando un esfuerzo considerable para procesar el entorno, esta carga adicional puede hacer que quede menos margen para afrontar otros estímulos, demandas o imprevistos.

Por eso, algo que otro día resulta manejable —una conversación, un ruido, un cambio de planes o una jornada de trabajo intensa— puede resultar mucho más difícil después de varias horas soportando altas temperaturas.

Calor y sensibilidad sensorial en el autismo

Una de las razones por las que el verano puede resultar especialmente incómodo para algunos adultos con TEA es la sensibilidad sensorial.

Y no tiene por qué ser únicamente la temperatura.

Durante los meses de calor pueden aparecer numerosos estímulos potencialmente molestos:

  • El sudor sobre la piel.
  • La sensación de humedad.
  • La ropa pegada al cuerpo.
  • Determinados tejidos.
  • El aire directo de ventiladores o aparatos de aire acondicionado.
  • Los cambios bruscos de temperatura al entrar y salir de lugares climatizados.
  • Una mayor luminosidad.
  • Los olores corporales o ambientales más intensos.
  • El ruido de ventiladores o aparatos de climatización.
  • Ambientes más concurridos, como playas, piscinas o terrazas.

Cada uno de estos estímulos por separado puede parecer pequeño. Sin embargo, cuando se acumulan durante horas, la carga sensorial puede aumentar considerablemente.

Es lo que podemos entender como una especie de “vaso sensorial” que se va llenando.

Si gran parte de nuestros recursos ya están destinados a tolerar el calor, el sudor, el ruido o el cansancio, tendremos menos capacidad disponible para gestionar otras demandas.

La interocepción también puede influir

La interocepción es la capacidad para percibir e interpretar las señales internas del cuerpo.

Gracias a ella podemos identificar sensaciones como la sed, el hambre, el cansancio, la necesidad de ir al baño o los cambios en nuestra temperatura corporal.

Algunas personas autistas presentan diferencias en el procesamiento interoceptivo. Esto puede hacer que determinadas señales corporales sean difíciles de identificar, aparezcan de manera poco clara o solo sean evidentes cuando alcanzan una intensidad elevada.

Por ejemplo, una persona puede no darse cuenta de que tiene mucha sed hasta que aparece un malestar considerable.

También puede notar que está incómoda, irritable, mareada o agotada sin identificar inicialmente que lleva varias horas pasando calor o que necesita descansar e hidratarse.

En estos casos, el malestar físico puede ir aumentando sin que resulte sencillo reconocer su origen y actuar antes de llegar a un nivel elevado de saturación.

¿Por qué puedo estar más irritable o desregulado cuando hace calor?

La regulación emocional no depende únicamente de nuestra capacidad para “controlar” las emociones.

Nuestro estado físico tiene una enorme influencia.

Dormir peor, pasar varias horas con calor, sentir constantemente el sudor, estar deshidratado o recibir más estímulos de lo habitual supone un esfuerzo para el organismo.

Si además existen otras demandas —trabajo, conversaciones, desplazamientos, responsabilidades, interacción social, ruido o cambios inesperados— puede llegar un momento en el que la capacidad para seguir compensando disminuya.

Por eso, durante épocas de mucho calor algunas personas con TEA pueden experimentar:

  • Mayor irritabilidad.
  • Menor tolerancia al ruido.
  • Mayor rechazo al contacto físico.
  • Necesidad de estar solas.
  • Dificultad para pensar con claridad.
  • Problemas para concentrarse.
  • Mayor cansancio físico y mental.
  • Sensación de saturación.
  • Mayor necesidad de recurrir a movimientos o conductas de autorregulación.
  • Dificultad para responder a preguntas o tomar decisiones.
  • Mayor rigidez ante cambios o imprevistos.
  • Episodios de desregulación más frecuentes.

Esto no necesariamente significa que la persona esté “peor” emocionalmente.

En ocasiones, simplemente está intentando funcionar con un sistema nervioso que lleva muchas horas gestionando una carga superior a la habitual.

Meltdown y shutdown: cuando la sobrecarga supera el límite

Cuando la acumulación de estímulos, sensaciones físicas y demandas supera la capacidad de regulación de una persona, pueden aparecer diferentes respuestas de sobrecarga.

Una de ellas es el meltdown.

Se trata de una respuesta intensa ante un estado de saturación. Puede manifestarse de formas diferentes según la persona: llanto, irritabilidad intensa, necesidad urgente de abandonar una situación, aumento de movimientos repetitivos, dificultad para comunicarse o sensación de haber perdido completamente la capacidad para seguir gestionando lo que ocurre.

No es una rabieta ni una conducta deliberada para conseguir algo. Es una respuesta ante una situación que ha superado los recursos disponibles en ese momento.

También puede producirse un shutdown.

En este caso, la respuesta puede resultar mucho menos visible desde fuera. La persona puede quedarse bloqueada, reducir considerablemente su comunicación, tener dificultades para hablar o tomar decisiones, necesitar aislarse o sentir que no puede continuar realizando las actividades que estaba haciendo.

Después de una situación de sobrecarga también puede aparecer un cansancio considerable y ser necesario un periodo de recuperación.

El calor no tiene por qué ser la única causa de un meltdown o shutdown, pero puede convertirse en un factor más dentro de una acumulación de demandas que termine superando el límite de tolerancia de la persona.

Señales de que el calor puede estar aumentando tu sobrecarga

Aprender a identificar las primeras señales de saturación puede ayudar a intervenir antes de alcanzar un nivel de desregulación elevado.

Cada persona tendrá señales diferentes, pero algunas pueden ser:

  • Notar que determinados sonidos molestan mucho más de lo habitual.
  • Sentir rechazo repentino hacia el contacto físico.
  • Tener menos paciencia para mantener conversaciones.
  • Necesitar silencio o aislamiento.
  • Sentirse especialmente irritable sin identificar inicialmente el motivo.
  • Tener dificultades para concentrarse o tomar decisiones sencillas.
  • Aumentar los movimientos repetitivos o las conductas de autorregulación.
  • Sentir agotamiento después de actividades que normalmente no resultan tan demandantes.
  • Tener mayor dificultad para adaptarse a cambios.
  • Sentir que “todo molesta”.
  • Necesitar escapar de determinados lugares.

Reconocer estas señales no significa que siempre podamos evitar la desregulación. Pero sí puede permitirnos reducir demandas antes de alcanzar nuestro límite.

¿Qué puede ayudar a prevenir la desregulación durante los días de calor?

No existe una estrategia universal para todas las personas con TEA. La clave está en identificar qué estímulos resultan especialmente difíciles para cada persona y qué medidas reducen realmente su carga.

Algunas estrategias que pueden resultar útiles son:

1. Anticiparse al calor

No es necesario esperar a encontrarnos completamente saturados para intentar regularnos.

Consultar la temperatura prevista y adaptar horarios, desplazamientos o actividades puede reducir considerablemente la exposición.

Siempre que sea posible, puede ser preferible realizar determinadas actividades en las horas más frescas del día.

2. Reducir otros estímulos cuando el calor ya supone una carga

Si sabemos que nuestro cuerpo está realizando un esfuerzo adicional para tolerar las altas temperaturas, quizá no sea el mejor momento para exigirnos el mismo nivel de exposición a otros estímulos.

Reducir ruido, luz, interacción social o determinadas demandas puede ayudar a compensar parte de esa carga.

3. Buscar estrategias sensoriales que realmente funcionen para ti

Para algunas personas será útil utilizar ropa ligera y tejidos concretos. Para otras, duchas templadas, ventiladores, aire acondicionado, bebidas frías o determinados objetos refrigerantes.

Lo importante es observar qué disminuye el malestar propio en lugar de aplicar estrategias únicamente porque “deberían funcionar”.

4. No esperar siempre a sentir sed

Si existe dificultad para detectar las señales corporales, puede resultar útil establecer recordatorios externos para beber agua o realizar pausas.

Las alarmas del teléfono, asociar la hidratación a determinadas rutinas o llevar una botella visible pueden funcionar como apoyos externos.

5. Planificar momentos de recuperación

Después de una situación especialmente demandante, quizá sea necesario disponer de un tiempo con menos estímulos.

Esto puede implicar estar solo, reducir la luz, utilizar auriculares, realizar movimientos repetitivos, descansar o simplemente no tener que mantener conversaciones durante un rato.

La recuperación también forma parte de la regulación.

6. Reducir temporalmente las expectativas

Durante una ola de calor quizá nuestro rendimiento, concentración o tolerancia social no sean exactamente los mismos.

Adaptar temporalmente las expectativas no significa dejar de hacer cosas ni renunciar a nuestras responsabilidades. Significa reconocer que nuestros recursos pueden variar dependiendo de las condiciones físicas y ambientales.

No todo es “ansiedad”: aprender a escuchar las señales del cuerpo

Cuando una persona lleva mucho tiempo intentando adaptarse a las demandas del entorno, puede acostumbrarse a ignorar determinadas señales de cansancio o sobrecarga.

En adultos con TEA, especialmente cuando el diagnóstico ha llegado en la edad adulta, puede existir una larga historia de intentar continuar funcionando pese al malestar.

Por eso puede ser importante aprender a preguntarnos no solo:

“¿Qué me pasa emocionalmente?”

sino también:

“¿Qué está necesitando mi cuerpo ahora mismo?”

¿Tengo calor? ¿Tengo sed? ¿Llevo demasiado tiempo rodeado de ruido? ¿Necesito estar solo? ¿He dormido peor? ¿Estoy intentando mantener el mismo ritmo pese a estar agotado?

Identificar estas necesidades puede ayudarnos a comprender mejor determinadas reacciones y prevenir parte de la sobrecarga.

En Paula Psicología y Neuropsicología ofrecemos atención psicológica y neuropsicológica para adultos, adaptando la intervención a las necesidades y características de cada persona.

Si te identificas con algunas de las dificultades que hemos explicado en este artículo o quieres aprender a gestionar mejor la sobrecarga, la ansiedad o la desregulación emocional, puedes consultar nuestro servicio de Psicología, donde encontrarás más información sobre cómo trabajamos.

También puedes ponerte en contacto con nosotras a través del apartado de Contacto: https://paulapsicologiayneuro.es/contacto/ para resolver cualquier duda o solicitar una primera cita.

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